Asociación para el Desarrollo de la Permacultura

Finca El Mato-Tenerife

(ADP-FEM)

Experiencia catalogada como GOOD PRACTICE

(Best Practices Database, Dubai 2012 )

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VISITA DE JOSÉ MANUEL NAREDO A LA FINCA EL MATO TINTO

15 mayo 2017

Visita de José Manuel Naredo a la Finca El Mato Tinto.

El investigador José Manuel Naredo, profesor Ad Honorem de la Universidad Politécnica de Madrid, nos visitó el pasado 23 de enero aprovechando su estancia en la isla con ocasión de su participación en el XXVI Seminario Orotava de la Fundación Canaria Orotava Historia de la Ciencia – Fundoro –  (http://www.fundacionorotava.org/). A la visita le acompañó el director de Fundoro, Miguel Ángel González Expósito. La misma tarde-noche del lunes 23 presentó en Fundoro la comunicación “Ideología económica y naturaleza humana”.

 

La obra de Naredo la pueden encontrar en http://www.elrincondenaredo.org/

 

A principios de marzo nos remitió las siguientes reflexiones suscitadas por la visita a la finca El Mato Tinto (Tacoronte, Tenerife)

 

 

«La visita a la finca El Mato Tinto, realizada a finales de enero de 2017, en compañía de Juan Sánchez y guiada por sus gestores, Javier Reyes y Dácil Mazuelas, me resultó muy sugerente por las razones que paso a exponer. Tras haber trabajado desde hace mucho tiempo temas agrarios, tras haber criticado largamente los enfoques parcelarios y las prácticas degradantes del medio de la llamada “revolución verde”, tras haber encontrado en los sistemas agrarios tradicionales casos de simbiosis ejemplares de la especie humana con el medio a tener muy en cuenta por la agroecología, la visita me hizo salir con la sensación de haber encontrado por fin una realización que resolvía favorablemente a la mayoría de mis dudas e inquietudes críticas sobre las prácticas de la llamada agricultura ecológica.

 

La afirmación clara y contundente de Javier, de que el principal objetivo es cultivar suelo de calidad, porque si se logra ya las otras metas del agricultor de conseguir que vayan bien los cultivos y las cosechas se consiguen con facilidad, me iluminó sobremanera. Pues vi que, sin explicitarlo, esta afirmación conlleva una crítica muy radical a las prácticas usuales de los agricultores, orientadas a utilizar, y a menudo degradar, el suelo existente, y echa por tierra el objetivo normal de la agronomía de “reponer” al suelo (para que no se esquilme) los nutrientes que extrae la planta, objetivo que se cae si se incentiva de entrada la función de la finca de cultivar suelo, usando como modelo los bosques y en general la cubierta vegetal en los ecosistemas terrestres, que se han podido extender y enriquecer durante milenios sin que nadie les echara fertilizantes.

 

La agronomía ha venido tomando como pieza central de su razonamiento el “balance de nutrientes” y considerando el suelo como un mero depósito inerte de éstos. Este enfoque se ilustra en los manuales  representando al suelo como un cubo que contiene los macronutrientes básicos (N, P, K) que hay que reponer a medida que los extraen las plantas, atendiendo a una ley de mínimos por debajo de los cuales la escasez de nutrientes ejerce como “factor limitante” para el desarrollo de las plantas, junto con el agua que facilita  la absorción de los nutrientes, además de ser la principal materia prima en tonelaje que participa en la fotosíntesis. Del enfoque del “balance” se deriva la exigencia de labrar y escardar el suelo para mullirlo y eliminar la competencia de las “malas hierbas” o de aplicar “tratamientos químicos”, lo que suele acarrear el deterioro de los suelos por erosión, mineralización y contaminación, sobre todo si no se cuida ese estabilizador natural de los suelos que es la materia orgánica aportando suficiente estiércol o compost.

 

Al negar la “premisa mayor” del balance de nutrientes y la necesidad de reponerlos mediante abonado, la experiencia de la finca El Mato Tinto subvierte y simplifica las labores agrícolas habituales. La experiencia muestra que al cultivar e instalar en los bancales suelo mullido de gran calidad y practicar el acolchado, ya no se necesita labrar ni escardar el suelo, pudiendo prescindirse del tiempo de trabajo, de la energía, de la maquinaria y de los aperos necesarios para realizar ese tipo de labores. Al mismo tiempo, al propiciar gran diversidad y vida en los suelos y en las lindes y setos de las parcelas, y al evitar el monocultivo practicando las asociaciones de plantas de huerta, ornamentales, arbustivas y arbóreas más convenientes, se ha conseguido durante veinte años mantener la buena salud de los cultivos, evitando plagas y tratamientos, además lograr unos mosaicos de vegetación con una estética muy agradable. En este contexto se incluye el diseño afortunado del “volcán polinizador” (cono de vegetación que alberga colmenas de abejas que facilitan la polinización) y de pequeños bebederos o estanques.

 

Estos logros se apoyan en el manejo de los residuos vegetales como materia prima para cultivar suelo y en el manejo del agua. Temas éstos en los que no voy a entrar, pese a que son cruciales en la gestión de la finca, más que para subrayar dos aspectos. Uno, que la intervención de los animales es clave para triturar y tratar la materia vegetal en el proceso de fabricación de suelo. El colectivo de animales en feliz convivencia que realizan sin saberlo la función de facilitar la transformación de materia vegetal en suelo fértil, es un plato fuerte de la finca, que resulta estéticamente agradable y hasta carece de malos olores. Pues recordemos que los animales son solo fuente de suciedad y malos olores cuando están hacinados en las granjas industriales. Y en lo referente al agua me parece ejemplar que se trate de utilizar el agua de escorrentía y de filtrar y depurar para reciclarla tras haber sido utilizada. En este sentido considero una buena opción el haber instalado el retrete seco, que evita usar el agua para diluir vertidos sólidos, lo que debería hacerse sobre todo en zonas de clima árido o mediterráneo, que cuentan con menos disponibilidad de agua en época estival.

 

Me pareció también muy interesante el edificio circular construido en adobe, para celebrar jornadas o encuentros. No solo por utilizar en su construcción la tierra y la paja disponibles debidamente tratadas, sino porque resulta muy funcional y acogedor (paradójicamente, el uso del adobe ha quedado reservado a viviendas de lujo, por el confort que otorga, frente a los materiales de construcción habituales cargados de cemento). Por último, pero no en último lugar, me llamó también la atención positivamente la forma de presentar y comercializar los productos, teniendo acordado el colectivo de familias que reciben las cestas fijas, con un aspecto excelente, y contando con otro colectivo flotante dispuesto a hacerse cargo de los productos excedentarios. Lo cual otorga también un suelo económico firme que asegura la viabilidad de la finca, al que se añaden la venta más esporádica de servicios por posibles cursos o encuentros relacionados con la agroecología, sus redes o productos.

 

Respecto a las sugerencias para revalorizar y contextualizar esta experiencia yo propondría ligarla a una reflexión más amplia sobre el manejo de los suelos y la reposición de la fertilidad en los sistemas agrarios tradicionales y en las nuevas experiencias de interés que se observan en el campo de la agricultura ecológica o la permacultura, en relación con las distintas zonas edafoclimáticas, escalas, etc. Pues, como apunté en el capítulo introductorio del libro que coordiné con Ramón Garrabou, La fertilización en los sistemas agrarios. Una perspectiva histórica, Madrid. Fund. Argenatia & Visor Distrib., Col. Economía y Naturaleza, 1996 (accesible en la sección de publicaciones de la Fundación César Manrique:

http://fcmanrique.org/la-fundacion/publicaciones/publicaciones-detalle/?idPublicacion=108&lang=es) la reposición de la fertilidad en los sistemas agrarios ha tenido lugar muchas veces por estar integrados en modelos más amplios de uso o gestión del territorio, que trascienden normalmente la escala de una parcela o finca de pequeña dimensión. En ese texto introductorio ejemplifico algunos de estos modelos rememorando, por ejemplo, los arrastres de fertilidad que permitieron el inicio de la agricultura en el valle del Nilo, o en España en la cuenca del Júcar, el traslado de fertilidad desde el monte y la interfase de pastos y ganadería, hacia las parcelas de cultivo intensivo en Galicia… y en nuestro caso deberíamos de referirnos a los traslados de fertilidad que se producen en Tenerife.  No en vano la propia finca El Mato Tinto utiliza en la generación de compost, entre muchos otros, los restos de las bodegas… Creo que si la finca El Mato Tinto y sus amigos propusieran, en convenio con algún centro universitario o de investigación interesado, una iniciativa en este campo, ello ayudaría a divulgar, contextualizar y revalorizar su experiencia particular y a estudiar la posibilidad de mejorarla y aplicarla a otros territorios».

 

 

 

 

José Manuel Naredo

Madrid, 1 de marzo de 2017

 

¡Gracias José Manuel!

 

Asociación para el Desarrollo de la Permacultura-Finca El Mato-Tenerife 2014

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